“Hace algunos años escribí, en algún lugar que ya ni me acuerdo, unas cuantas líneas que hablaban de soledad acompañada. Al otro lado del mundo, alguien se interesaba y contestaba a aquellas líneas. Fue un año de maravillosa soledad… tanta lejanía y tan cerca el uno del otro. Fue un paréntesis de nuestras vidas donde fuimos, poco a poco, cual semilla del árbol que una vez prendida en la tierra va creciendo y creciendo…, conociéndonos. Así fuimos fortaleciendo nuestros lazos día a día, desde la distancia…, aferrándonos el uno con el otro a través del pensamiento… Después vino el encuentro y en aquel aeropuerto lejano, nuestro ojos se buscaban entre la multitud. De repente ella estaba frente a mí. Me dije al verla, que tuvo que ser una separación…, sentí como si ya la hubiera amado hacía mucho tiempo. Fueron tres años de ternura y respeto, de amor…, tres años disfrutándonos tan intensamente…, tres años caminando juntos un trecho. Pero el tiempo, como si de un viento huracanado, derribó al arbolillo que había crecido del amor y del respeto..., mi vida volvió a ser como al principio..., soledad acompañada. Aún la recuerdo…”
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