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Granada, Spain

jueves, 18 de febrero de 2010

de la universidad

La onda sinusoidal que describe la historia al paso del tiempo, perfiló muy bien la decadencia del mundo antiguo civilizado, que tras su apogeo glorioso, galopaba frenéticamente hacia su ocaso, en un momento donde la ciencia y la filosofía ya no progresaba. La Cultura se hubiera perdido en el tiempo de los tiempos y caído en el olvido, de no ser por que en oriente próximo, un grupo inestable de aguerridas tribus nómadas, se unificaban al mando de un único señor supremo, el primer Califa de Damasco. En esta unificación intervino decisivamente una nueva religión, la musulmana. Estas tribus carentes de cultura, se lanzaron a la conquista de un occidente roto, consiguiendo un imperio mayor al que, en otra época anterior, consiguiera Roma. Efectivamente, gracias a los árabes, la cultura de Occidente no se iba a perder pues, al carecer de cultura propia, se anexionaron la de los pueblos conquistados. Los árabes realizaron buenas traducciones de las obras del pensamiento filosófico y científico de los griegos y romanos. Estudiaron este legado e impulsaron estos conocimientos con sus aportaciones, transformándolas en una nueva cultura caracterizada por su universalidad y unidad, logrando que el centro de la cultura del mundo conocido se asentara, durante muchos siglos, en al-Andalus. En Córdoba se ubicó la madrisa en la mezquita, en esta escuela sus profesores percibían cuantiosos honorarios por dedicarse a la enseñanza. Posteriormente se crearon otras escuelas, la de Fez y la nazari de Granada.

La rueda del tiempo, devastadora y renovadora a la vez, vuelve a describir un periodo completo de la onda. El acmé del apogeo predice su decadencia, que es antesala de una renovación. La decadencia del mundo árabe, sumió a Occidente en una nueva apatía de la ciencia que duraría cuatro siglos.

Focos de la única cultura existente tras esta decadencia son, en occidente, los monasterios. Carlomagno, tratando de luchar contra la ignorancia, ordena que se creen escuelas dependientes de estos monasterios, con el fin de impartir el conocimiento y así difundir la cultura. Se crean entonces las Escuelas Monacales. Como el tiempo demostró su utilidad, surgieron las Escuelas Catedralícias o Episcopales que, similares a las primeras, se situaban en núcleos de población mayores. Algunas de estas escuelas alcanzaron tal renombre que emperadores y papas fijaron en ellas su atención, protegiéndolas, debido a los beneficios que estas instituciones daban al pueblo. La escuela más antigua de nuestra península viene a ser la de Coimbra, comenzando su singladura en el siglo XI como colegio o seminario.

París, Bolonia, Oxford, Montpelier, Tolosa, Cambridge, etc. son las universidades del mundo occidental más antiguas, originadas a partir del auge de las escuelas monacales, siendo los franciscanos y dominicos los artífices de éste auge. En las Universidades de Bolonia y París el rector era elegido por votación de los estudiantes y profesores. A continuación se fundaron otras universidades, algunas creadas y mantenidas por el propio estado, el que dictaba las reglas por las que debían regirse. Es el caso de la Universidad de Salamanca, fundada por Alfonso IX. La Universidad de Salamanca, fue la más importante de la Edad Media y la que más renombre alcanzó en el extranjero. Alejandro IV en 1255, le dio el título de Universidad, haciéndola una de los cuatro estudios generales del orbe, pudiendo, los en ella aprobados, ser lectores o regentes de cualquier otra Universidad. En la de Salamanca se otorgaban los títulos de Licenciado y Doctor y se impartieron los estudios de Medicina, incluso se dieron estudios de Astronomía y se trazaron las tablas astronómicas conocidas por Alfonsinas. Otra universidad española interesante es la de Palencia, que se considera la más antigua pero también la de vida más corta, pues aunque sus orígenes pueden remontarse entre finales del s.XI y la segunda mitad del s. XII, se sabe que ya no existía en 1260. Gran renombre alcanzaron igualmente las Universidades de Valladolid y de Lérida.

Debió ser bastante desalentadora la vida que llevaron los estudiantes y profesores que acudían a estas universidades, pues pasaban verdaderas penurias, “hambre”, así de claro. Por este motivo surgieron unas fundaciones de espíritu caritativo, cuyos donativos se recibían de particulares y de órdenes militares, con los que podían mantener numerosos establecimientos donde recibían alojamiento y sustento. Los que acudían a las universidades y se alojaban en estos establecimientos, - primitivos colegios universitarios -, pertenecían a todas las clases sociales, jóvenes y viejos, hijos de la nobleza y de la burguesía, aunque predominasen los estudiantes pobres. Junto a los que acudían realmente a estudiar, se hallaban los que hacían de las universidades y colegios un medio de vida: vagabundos, mendigos y poetas, que pasaban de unos a otros estudios y universidades y que fueron los que dieron base para el mal concepto que se tenía de los estudiantes y origen a las sátiras que se les dedicaron, hecho que motivó el que se fijase un plazo máximo de estancia en estos Colegios.

Occidente volvía a pensar y la Historia empezaría a dejar atrás esa etapa de infertilidad científica. Las universidades trazarían el camino de unos hombres que lo tenían todo por hacer y que, decisivamente, colaborarían en una nueva sociedad, que poco a poco iría siendo más justa y social. En la actualidad, nuestra sociedad cambiante, evolutiva navega sobre la cresta de la onda del tiempo que define a la historia. Un nuevo poder se erige en lo social, la economía, capaz de marcar nuevamente el acmé del desarrollo.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Aún la recuerdo

“Hace algunos años escribí, en algún lugar que ya ni me acuerdo, unas cuantas líneas que hablaban de soledad acompañada. Al otro lado del mundo, alguien se interesaba y contestaba a aquellas líneas. Fue un año de maravillosa soledad… tanta lejanía y tan cerca el uno del otro. Fue un paréntesis de nuestras vidas donde fuimos, poco a poco, cual semilla del árbol que una vez prendida en la tierra va creciendo y creciendo…, conociéndonos. Así fuimos fortaleciendo nuestros lazos día a día, desde la distancia…, aferrándonos el uno con el otro a través del pensamiento… Después vino el encuentro y en aquel aeropuerto lejano, nuestro ojos se buscaban entre la multitud. De repente ella estaba frente a mí. Me dije al verla, que tuvo que ser una separación…, sentí como si ya la hubiera amado hacía mucho tiempo. Fueron tres años de ternura y respeto, de amor…, tres años disfrutándonos tan intensamente…, tres años caminando juntos un trecho. Pero el tiempo, como si de un viento huracanado, derribó al arbolillo que había crecido del amor y del respeto..., mi vida volvió a ser como al principio..., soledad acompañada. Aún la recuerdo…”